Niebla, no te vayas

Niebla, no te vayas

(Poema en Lacu Secu, Rumanía)

Niebla, susurro de cristal de ondulantes caderas,

espejo de los sueños,

como si fueras

la condena del príncipe del reino,

perdedor de un juego de cartas traicioneras.

 

Ya vienes.

 

Te cuelas

como el azahar entre las lenguas del alba;

como los trinos de insectos sobre la vega.

 

Me pierdo

entre inexistentes recuerdos

de pasados que no son míos,

como regalos de este lago de empinadas fronteras.

 

Ladridos se mezclan

con el silencio de un rumor de tímidas miradas,

arrojadas como rocas de calor,

en la vorágine de tantas almas convidadas.

 

Salaces efebos,

perezosos ancianos,

que intercambian ramos de palabras.

Entregados ambos al desfile de máscaras

de sonrisas nítidas y pupilas rasgadas.

 

Niebla, no te vayas.

Acompáñame esta silente mañana

en el sepelio del estío,

a través de sugerente espesor

para bañarme en tu insípido vino.

 

Recorres la hierba, arrebatas el calor

con la caricia de tu gélido rostro

derramado sobre carreteras y perros.

Tirana, por caminos inciertos

me llevas, con el peso de la derrota,

dinamitando mi dolor.

 

No te vayas, Niebla,

no te vayas;

quédate conmigo esta noche.

 

Tengo miedo.

No quiero sucumbir

al elixir del olvido

que precipite el cataclismo sanguíneo.

 

Te lo ruego,

préstame tu abrigo.

Sé que puedo seguir

cuidando del aleteo

del mirlo.

 

No te vayas, Niebla,

no te vayas.

22 de septiembre de 2016

Gregorio Machuca

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